viernes, 12 de mayo de 2017

Chakra inferior Patala: Malicia, Tortura, Homicidio, Odio

Los chakras inferiores corren a lo largo de las piernas por debajo del chakra raíz Muladhara. Son vinculados a los instintos animales, y al inframundo Patala de la tradición hinduista, que afirma que el universo se divide en tres mundos: Svarga (reinos celestiales), Prithvi (tierra) y Patala (los reinos subterráneos). 

De las siete regiones o lokas que componen al subterráneo, la séptima del mismo nombre, Patala o Nagaloka, es el reino más bajo y la región de los semidioses serpiente, o nagas, gobernadas por Vasuki. Aquí viven varias nagas con capuchas decoradas con una joya, cuya luz ilumina este reino.

Vasuki es un naga-raja, una de las serpientes rey de la mitología hindú y la mitología budista, y el hijo mayor de Kadru y Kasyapa, padres de todas las nagas. Tiene una gema llamada Nagamani en la cabeza. Vasuki es famoso por enrollarse alrededor del cuello de Shiva, dios de la disolución, quien lo bendijo y lo usó como un adorno. Vasuki es conocido en la mitología china y japonesa como uno de los "ocho Grandes Reyes Dragón" entre Nanda, Upananda, Shakara, Takshaka, Balavan, Anavatapta y Utpala.

La leyenda más famosa del hinduismo en la que participó Vasuki fue el incidente de Samudra Manthan, el batido del océano de la leche. En esta leyenda, Vasuki permitió que los devas (dioses) y los asuras (demonios) lo ataran al Monte Mandara y lo usaran como una cuerda para extraer la ambrosía de la inmortalidad agitando al océano de leche.

Luego de esto, numerosas deidades brotaron del océano, algunas positivas y otras negativas. Lo primero en brotar fue un veneno, que inmediatamente bebió Shiva para que no destruyera al mundo, y posteriormente se ató al cuello al rey naga Vasuki para evitar tragarlo. Shiva conservó una marca azul en el cuello, mientras algunas gotas del veneno lograron escapar, lo que hizo ponzoñosas a las serpientes y a los escorpiones.

Nagaloka o Patala, el último chakra inferior, ubicado en las plantas de los pies, es el reino de la malicia, el homicidio, la tortura y el odio, y en la mitología hindú es aquél que limita con el reino de Naraka, o el Infierno, es decir, el sentir odio es la antesala de los estados mentales de sufrimiento infernal.

La leyenda de la serpiente Vasuki y el batido del mar de leche es una representación alegórica de la activación a través de la yoga de la energía potencial Kundalini. Cuando despertamos nuestra energía vital con la práctica de la yoga y la meditación, cualidades positivas van a potenciarse, pero también lo irresuelto va a salir a la luz. Todo nuestro odio e intenciones negativas a los demás, son literalmente un veneno en nuestro cuerpo que nos conduce a la enfermedad, y somos nosotros los primero afectados desde el momento en que las experimentamos. Por otra parte, reprimirlas hará el mismo daño o hasta peor, pues la energía requiere ser canalizada, por lo que en la práctica de yoga se dirige hacia fines más elevados. El atributo contrario para equilibrar el chakra Patala es el derecho a ser empáticos y comprensivos. De la misma forma que Shiva, la conciencia pura, bebió el veneno que Vasuki obtuvo del mar de leche, el hacer consciente el sentimiento de odio es lo que nos libra de la destrucción que las emociones negativas pueden provocar en nuestras vidas.


A través de la metáfora de los submundos, el hinduismo describe a los chakras inferiores, no como algo que debamos negar o repudiar, sino como parte de la naturaleza humana, y como aquello que una vez trascendido y canalizado, nos ayuda a acceder a los estados superiores de conciencia. Con apoyo de posturas y respiraciones yóguicas, podemos dirigir nuestra mente del odio que nos intoxica, hacia la conciencia, antídoto de las emociones negativas. Sólo reconociendo y aceptando nuestra oscuridad, somos capaces de transformar nuestra vida y trascender hacia la luz.

En palabras de Jung: "Un hombre que no ha pasado a través del infierno de sus pasiones, no las ha superado nunca" y "Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma".

jueves, 4 de mayo de 2017

Chakra inferior Mahatala: Inconsciencia y ceguera interior

Los chakras inferiores corren a lo largo de las piernas por debajo del chakra raíz Muladhara. Son vinculados a los instintos animales, y al inframundo Patala de la tradición hinduista, que afirma que el universo se divide en tres mundos: Svarga (reinos celestiales), Prithvi (tierra) y Patala (los reinos subterráneos). 


De las siete regiones o lokas que componen al subterráneo, la sexta Mahātala, o "gran fondo" es la morada de muchos nāgas (semidioses inferiores con forma de serpiente). Kadru, esposa del sabio Kasyapa, dio a luz a mil nāgas, encabezadas por la banda "Irascible", Kuhaka, Taksshaka, Kaliya y Sushena. Viven aquí con sus familias en paz, pero siempre temen a Garuda, el águila.




Las leyendas de Kadru hablan de su relación con su hermana mayor Vinata, que también era una de las muchas esposas del sabio Kashyapa. En una historia, Vinata y Kadru pidieron a Kasyapa descendencia. Mientras que Kadru pidió mil hijos, Vinata pidió sólo dos, pero con gran poder. Después de un lapso de quinientos años, los huevos puestos por Kadru eclosionaron y sus hijos cobraron vida; de éstos surgieron mil serpientes nāgas, los más destacados fueron Shesha, Vasuki y Takshaka. Todas las nāgas nacidas en este mundo son descendientes de estos mil hijos. 

Vinata se puso celosa, pues sus huevos no habían nacido. En un momento de prisa, rompió uno de los huevos, de donde surgió un destello de luz, Aruṇá. Era tan radiante y rojizo como el sol de la mañana. Pero, debido a la rotura prematura del huevo, Aruṇá no era tan brillante como el sol del mediodía como le prometieron ser. Este hijo se enfureció por su forma física y maldijo a su madre por su acto precipitado, diciendo que sería esclava de su hermana Kadru durante quinientos años hasta que naciera el hijo de su segundo huevo. Aruná se convirtió en el cochero del dios del sol y es el motivo del cielo rojo al amanecer. 


Finalmente, después de quinientos años, el segundo hijo de Vinata, Garuda, nació en forma de un enorme águila con inmenso poder. Tan pronto como nació, huyó con gracia buscando alimento. Garuda se convirtió posteriormente en el vehículo de Vishnú, el dios de la conservación. Desde entonces, la enemistad entre Kadru y Vinata mantiene a su descendencia, las serpientes nāgas y Garuda, en constante lucha.

Ubicado en los pies, Mahátala es el reino oscuro 'sin conciencia', y de la ceguera interna. Las nāgas, como serpientes ocultas en madrigueras representan las programaciones y comandos de nuestro subconsciente, aquella parte profunda y oculta de nuestra mente que carece de la luz de la conciencia, lo que el psicólogo Carl Jung llamó "el arquetipo de la sombra". Muchos de estos programas de conducta nos darán felicidad, pero otros tantos nos mantendrán sometidos a hábitos que nos hagan infelices. 

En contraparte, Garuda, el águila, representa la cualidad del espíritu de volar alto, libres de cualquier condicionamiento mental. El atributo contrario para equilibrar el chakra Mahátala es el derecho a ser expansivos y sin obstáculos, cualidad que obtenemos durante el estado de meditación profunda, en el que gozamos de una vista panorámica de aquello que antes se mantenía oculto.




A través de la metáfora de los submundos, el hinduismo describe a los chakras inferiores, no como algo que debamos negar o repudiar, sino como parte de la naturaleza humana, y como aquello que una vez trascendido y canalizado, nos ayuda a acceder a los estados superiores de conciencia. Con apoyo de posturas y respiraciones yóguicas, podemos dirigir nuestra mente, de la inconsciencia que nos mantiene sometidos, a la luz de la verdad que nos libera. Sólo reconociendo y aceptando nuestra oscuridad, somos capaces de transformar nuestra vida y trascender hacia la luz. 

En palabras de Jung: "Un hombre que no ha pasado a través del infierno de sus pasiones, no las ha superado nunca" y "Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma".

miércoles, 26 de abril de 2017

Chakra Inferior Rasatala: Egoísmo y Animalidad


Los chakras inferiores corren a lo largo de las piernas por debajo del chakra raíz Muladhara. Son vinculados a los instintos animales, y al inframundo Patala de la tradición hinduista, que afirma que el universo se divide en tres mundos: Svarga (reinos celestiales), Prithvi (tierra) y Patala (los reinos subterráneos). 

De las siete regiones o lokas que componen al subterráneo, la quinta Rasātala es el hogar de los demonios gigantes Danavás y Daityas, quienes tienen poderes mágicos, como convertirse en animales o hacerse invisibles, viven en hoyos como serpientes y son eternos enemigos de los Devas (o dioses). 

A diferencia del concepto occidental, los demonios en el hinduismo pueden tender tanto a la bondad, como a la malicia. Muy parecido al griego "daimón", los semidioses o asuras son seres espirituales sedientos de poder y en constante guerra. Los dánavas, poderosos pero crueles, eran hijos de Danu, la madre de las aguas primigenias sin forma, existentes antes de la creación. Los últimos tres reinos subterráneos, Rasātala, Mahātala y Patala, albergarán a los "hijos del agua", tanto a los dánavas, como a las nagas, semidioses inferiores con forma de serpiente. 


Ubicado en los tobillos, el chakra Rasātala es el centro del egoísmo y de instinto animal. Mientras que el instinto de supervivencia nos ayuda a guardar nuestra integridad física y a sobrevivir, el amor propio es algo necesario y saludable para una vida plena y satisfactoria. Sin embargo, ambos son estados mentales que de no ser trascendidos pueden sumirnos en el aislamiento y la infelicidad. 


Cuando el amor a nosotros mismos se vuelve inmoderado y excesivo, y atendemos sin medida a nuestros propios intereses sin cuidar del de los demás, nos vuelve seres egoístas. Por otra parte, dejar que nuestra mente caiga presa de temores por nuestra supervivencia, nos cierra a la generosidad y a pensar que si compartimos nos quedaremos sin nada. El atributo contrario para equilibrar el chakra Rasātala es el derecho a ser caritativosAsí, los danavás representan nuestro bajo instinto de egoísmo, provocado por la falta de comprensión de los beneficios de la generosidad. De la misma forma que al sembrar una sola semilla podemos cosechar muchas más, si sembramos desinteresadamente caridad hacia quienes nos rodean, empezaremos a recibir mucho más de lo que dimos en un principio, producto de la gratitud. El simple hecho de ser caritativos genera en nuestro cuerpo endorfinas, hormonas de la felicidad que además nos mantienen saludables. La gratitud y la generosidad son entonces la clave para la abundancia material y espiritual. Jesucristo también compartió esta enseñanza al decir "No se afanen diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los necios buscan todas estas cosas; pero nuestro Padre celestial sabe que necesitamos estas cosas".

A través de la metáfora de los submundos, el hinduismo describe a los chakras inferiores, no como algo que debamos negar o repudiar, sino como parte de la naturaleza humana, y como aquello que una vez trascendido y canalizado, nos ayuda a acceder a los estados superiores de conciencia. Con apoyo de posturas y respiraciones yóguicas, podemos dirigir nuestra fuerza vital de egoísmo y obtener resultados positivos. Sólo aceptando nuestra oscuridad, somos capaces de trascender hacia la luz. 

En palabras del psicólogo Carl Jung: "Un hombre que no ha pasado a través del infierno de sus pasiones, no las ha superado nunca" y "Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma".

miércoles, 19 de abril de 2017

Chakra inferior Talátala: Confusión y Terquedad



Los chakras inferiores corren a lo largo de las piernas por debajo del chakra raíz Muladhara. Son vinculados a los instintos animales, y al inframundo Patala de la tradición hinduista, que afirma que el universo se divide en tres mundos: Svarga (reinos celestiales), Prithvi (tierra) y Patala (los reinos subterráneos). 

De las siete regiones o lokas que componen al subterráneo, la cuarta Talátala, es el reino del demonio-arquitecto Mayasura, hábil en la magia y fiel devoto de Shiva, dios de la destrucción y regeneración. 

La historia empieza con tres hermanos semidioses que oraban con persistencia a Brahma, el dios creador. Conmovido por su devoción, Brahma asintió en bendecirles con tres ciudades flotantes móviles, Tripura, ubicadas en la tierra, el cielo y el paraíso. Lo único que podría destruirlas era el tiro de una sola flecha en llamas que atinara a las tres ciudades a la vez, una vez que se alinearan por unos instantes cada mil años. Estas ciudades fueron prósperas y pacíficas. Sin embargo, la naturaleza guerrera de los semidioses que las habitaban los llevó a echar a los dioses del paraíso y a atacar a los seres humanos para proteger Tripura. Fue el señor Shiva quien, luego de que los dioses solicitaran su ayuda, destruyera con una sonrisa a las tres ciudades del semidios-arquitecto Maya, a quien protegió de la destrucción debido a su fidelidad y le entregó el reino subterráneo de Talátala.

Traducido como "bajo el nivel inferior", el chakra Talátala se encuentra en las pantorrillas, y alberga la energía de la confusión prolongada y de terquedad y obstinación instintiva, es decir, importunar a otros repetidamente con el fin de obtener nuestros propósitos individuales, tal como actuaban los semidioses, preocupados por la supervivencia de Tripura, en vez de disfrutar la abundancia de sus ciudades. El atributo contrario para equilibrar este chakra es el derecho a ser conscientes. Shiva, que representa la conciencia pura, es quien destruye las tres ciudades, que representan las emociones negativas del orgullo, ira e ilusión. Cuando la conciencia se ve cegada por estas emociones, podemos perder el control y lastimar a quienes nos rodean, incluso a pesar de tener una vida próspera y bendecida. Al estar conscientes de nuestras emociones negativas, despejarlas puede ser tan sencillo como respirar profundo y dibujar una sonrisa en nuestros labios, igual que Shiva.

A través de la metáfora de los submundos, el hinduismo describe a los chakras inferiores, no como algo que debamos negar o repudiar, sino como parte de la naturaleza humana, y como aquello que una vez trascendido y canalizado, nos ayuda a acceder a los estados superiores de conciencia. Superar el orgullo y la obstinación nutre a nuestro chakra del plexo tiroideo, Vishuddha, lo que nos abre al pensamiento racional y a la comunicación efectiva. La terquedad puede mantenernos en confusión, pero bien canalizada nos da perseverancia. Con apoyo de posturas y respiraciones yóguicas, podemos dirigir nuestra fuerza vital de orgullo y obtener resultados positivos. Sólo aceptando nuestra oscuridad, somos capaces de trascender hacia la luz. 

En palabras del psicólogo Carl Jung: "Un hombre que no ha pasado a través del infierno de sus pasiones, no las ha superado nunca" y "Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma".

miércoles, 5 de abril de 2017

Chakra Inferior Sutala: Los celos

Los chakras inferiores corren a lo largo de las piernas por debajo del chakra raíz Muladhara. Son vinculados a los instintos animales, y al inframundo Patala de la tradición hinduista, que afirma que el universo se divide en tres mundos: Svarga (reinos celestiales), Prithvi (tierra) y Patala (los reinos subterráneos). 

De las siete regiones o lokas que componen al subterráneo, la tercera Sutala, es el reino del piadoso rey demonio Bali, quien había conquistado los tres mundos luego de haber hecho un voto de no negarle nada a nadie. Aprovechándose de esto, el enano Vamana, encarnación del dios Vishnu, engañó a Bali, suplicándole tres pasos de tierra. El primer paso cubrió todos los cielos, el segundo la tierra, y antes de que pisara los subterráneos, Vamana empujó Bali al reino Sutala luego de que éste ofreciera su cabeza. Después de esto, cuando Bali se entregó a Vishnu y le regaló todas sus pertenencias, Vishnu a cambio hizo a Bali más rico que Indra, el rey-dios del cielo, mientras Bali todavía rezaba a Vishnu en el reino Sutala. Muy impresionado por la devoción de Bali, Vishnu prometió que se mantendría perpetuamente como el vigilante del palacio de Bali. Gracias a su espíritu desapegado, al semidios Bali se le asocia con la devoción y fidelidad a la divinidad. 


El chakra Sutala, ubicado en las rodillas, regula los celos, es decir, la envidia de un bien ajeno, o el recelo de que el pretendido romántico llegue a ser alcanzado por alguien más. Todo esto obedece a la idea de que algo o alguien realmente nos pertenece, y al perderlo, sufrimos al tener que desprendernos. El atributo contrario para equilibrar este chakra es el derecho a tener confianza en nosotros mismos. El apego a los bienes materiales o a las relaciones puede ser trascendido una vez que cualquier idea de carencia sea erradicada de nuestros corazones, y que comprendamos que ya estamos completos.

A través de la metáfora de los submundos, el hinduismo describe a los chakras inferiores, no como algo que debamos negar o repudiar, sino como parte de la naturaleza humana, y como aquello que una vez trascendido y canalizado, nos ayuda a acceder a los estados superiores de conciencia. Superar los celos y la envidia nutre a nuestro chakra del plexo cardíaco, Anahata, lo que nos abre a nuestra fuente interna amorosa. Los celos y la envidia no son malos, sin embargo son un delirio, una idea errónea de que algo falta en nuestras vidas. Si comprendemos esto, y con apoyo de posturas y respiraciones yóguicas, podemos dirigir nuestra fuerza vital de celo y obtener resultados positivos. Sólo aceptando nuestra oscuridad, somos capaces de trascender hacia la luz. 

En palabras del psicólogo Carl Jung: "Un hombre que no ha pasado a través del infierno de sus pasiones, no las ha superado nunca" y "Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma".

miércoles, 29 de marzo de 2017

Chakra Inferior Vitala: La Ira y el Resentimiento

Los chakras inferiores corren a lo largo de las piernas por debajo del chakra raíz Muladhara. Son vinculados a los instintos animales, y al inframundo Patala de la tradición hinduista, que afirma que el universo se divide en tres mundos: Svarga (reinos celestiales), Prithvi (tierra) y Patala (los reinos subterráneos). 

De las siete regiones o lokas que componen al subterráneo, la segunda Vitala, es gobernada por el dios Hara-Bhava (una forma de Shiva) que junto a sus asistentes (incluyendo fantasmas y gnomos) es el amo de las minas de oro. Aquí él goza de la unión sexual con su esposa Bhavani, diosa de poder y justicia. Sus líquidos sexuales fluyen hacia el río Hataki. Cuando el fuego se alimenta del viento y de este río, chisporrotea un tipo de oro llamado Hataka. Los residentes de este reino están adornados con el oro de esta fuente. Esta fuente de energía es el coraje, aquello que nos mueve a realizar actividades, pero que de albergarse sin dejarlo fluir, provoca resentimiento, lo que intoxica nuestros cuerpos con hormonas del estrés y finalmente, nos enferma. Vitala nos enseña que la energía llameante de la cólera puede ser efectivamente beneficiosa para alcanzar nuestros objetivos, pero que de no dejar ir la emoción, nos consumirá por dentro. El chakra Vitala ubicado en los muslos, regula la ira y el resentimiento. El atributo contrario para equilibrar este chakra es el perdón, es decir, cortar con el deseo de venganza, recordando que los primeros beneficiados de perdonar somos nosotros mismos. 
A través de la metáfora de los submundos, el hinduismo describe a los chakras inferiores, no como algo que debamos negar o repudiar, sino como parte de la naturaleza humana, y como aquello que una vez trascendido y canalizado, nos ayuda a acceder a los estados superiores de conciencia. Superar a la ira, nutre a nuestro chakra del plexo solar, Manipura, lo que nos otorga de combustible y voluntad para alcanzar nuestras metas. El enojo no es algo negativo, o algo qué cortar: Cuando hay ira, es una clara señal de que algo necesita ser resuelto. Si enfocamos esa energía a resolver, seremos rápidos y efectivos, pero si la canalizamos hacia quienes nos rodean, podríamos lastimarlos. Con posturas y respiraciones yóguicas, podemos dirigir nuestra fuerza vital de ira y obtener resultados positivos. Sólo aceptando nuestra oscuridad, somos capaces de trascender hacia la luz. 

En palabras del psicólogo Carl Jung: "Un hombre que no ha pasado a través del infierno de sus pasiones, no las ha superado nunca" y "Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma".

martes, 21 de marzo de 2017

Chakra Inferior Atala: La Lujuria y el Miedo

Los chakras inferiores corren a lo largo de las piernas por debajo del chakra raíz Muladhara. Son vinculados a los instintos animales, y al inframundo Patala de la tradición hinduista, que afirma que el universo se divide en tres mundos: Svarga (reinos celestiales), Prithvi (tierra) y Patala (los reinos subterráneos). 

Patala se compone de siete regiones o lokas, y la primera y más superficial es Atala. El gobernante de esta región es el hijo del demonio Maya, Bala, quien con el poder místico de un bostezo creó a tres tipos de espíritus femeninos - Las Svairinis ("voluntariosas"), Kaminis ("lujuriosas"), y las Pumshcalis ("las que se entregan por completo"). Cuando un hombre entra en Atala, estas hadas le encantan y le sirven una bebida intoxicante de cannabis que le despierta su energía sexual, para posteriormente jugar con el viajero y consumir su energía, quien se siente más fuerte que diez mil elefantes, mientras desatiende su inevitable muerte a manos de estas diablesas. 



Esta historia parece tener su equivalente en la leyenda de las sirenas, que con su voz encantadora atraían hacia los peñascos a los marineros, donde finalmente perdían la vida. Se cuenta también que durante su meditación, el Buda fue tentado por las hijas del demonio Mara, el deseo, la satisfacción y el arrepentimiento (Taña, Arati y Raga). Estas historias representan lo fácil que es perder la voluntad cuando vamos detrás de la satisfacción inmediata de los sentidos y del placer, que finalmente termina por controlarnos. En palabras del maestro tibetano Tilopa: El problema no es el disfrute, el problema es el apego al disfrute.

El chakra Atala se encuentra en las caderas, donde se procesa la energía del miedo y la lujuria. El atributo contrario para equilibrar este chakra se rige por reconocer nuestro propio derecho a ser sexual, es decir, a manifestar nuestra capacidad y voluntad del disfrute de los sentidos de manera equilibrada, sin apegos ni expectativas; sin culpas ni temores. 

A través de la metáfora de los submundos, el hinduismo describe a los chakras inferiores, no como algo que debamos negar o repudiar, sino como parte de la naturaleza humana, y como aquello que una vez trascendido y canalizado, nos ayuda a acceder a los estados superiores de conciencia. Superar al miedo nos llena de confianza en nosotros mismos, lo que nutre al chakra Raíz Muladhara; mientras que trascender la lujuria nos abre al disfrute de la sexualidad como una herramienta de expresión de nuestro poder creativo y de afecto a la pareja, lo que nutre al chakra Sacro Svadhisthana. Sólo aceptando nuestra oscuridad, somos capaces de trascender hacia la luz. 

En palabras del psicólogo Carl Jung: "Un hombre que no ha pasado a través del infierno de sus pasiones, no las ha superado nunca" y "Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma".